Sala Gasolinera Rock, años 80

Corazón Rebelde (por Ortín)
Jorge Salas / 1. Si no tengo mal entendido, tú estás en Gasolinera del 84 al 87... ¿Cuál es la historia del local antes y después de tu llegada?

Manolo / - Gasolinera como tal, arranca, más o menos, en el año 83. Antes, si no recuerdo mal, se llamaba 5 Semanas En Globo y era simplemente un pub de barrio sin mayores pretensiones. El garito era propiedad de José Gómez, para muchos Pepe Gasofa, posteriormente reconvertido a Pepe Matarile (creador y alma máter del festival Viña Rock). En ese año de estreno, la intención ya era la de programar grupos en directo como esqueleto principal de la aventura. Por allí andaban Cali, un buen tipo de Requena y Miguel F. Jim. El primero tenía La Tienda del Disco en la cercana calle Alboraya, especializada en música independiente del país y Miguel estaba al frente del programa Noticiario Moderno que se emitía desde Radio Klara. Entre ambos dieron el pistoletazo de salida, bajo la mirada en la sombra de Pepe.

Mi entrada supone una implicación total en lo personal y en lo profesional. Un giro radical en planteamientos y actitud, o eso quiero creer. Para mí, Gasofa no era un juego ni un divertimiento de fin de semana, aunque lo pudiera parecer. Yo no tenía otro tipo de trabajo que me cubriera las espaldas para hacerme el moderno a jornada parcial y si la necesidad imperiosa de poder llegar a final de mes. Todo esto se tradujo en una programación regular de calidad y unas intensas sesiones  de cabina que permitieron hacernos con un hueco en la noche valenciana y en el corazón de una clientela amiga y cómplice de nuestras actividades. Estando fuera de los barrios de moda no fue una tarea sencilla. El que iba a Gasofa, sabía a lo que iba y no porque le pillara de paso.

JS / 2. ¿Cómo llegas allí y cuál era tu labor? ¿Programar?

Manolo / - Por aquella época ejercía de mánager de Gabotti, acabábamos de publicar el single “No quiero ser” y a la vez pateaba todo el Levante trabajando como promocionero del sello D.R.O. Alguna carambola, relacionada con lo anterior, me llevó hasta la calle Orihuela, el caso es que Pepe mi hizo una oferta para incorporarme a su proyecto y acepté. Me gusta definirme como un 4x4. Mi padre prefería llamarme aprendiz de todo y maestro de nada. En Gasofa, principalmente, pinchaba y llevaba la programación, además de hacer de relaciones públicas, jugar al futbolín, recibir al de las cervezas o lo que se terciara en cada momento. Cuando me apasiona algo, suelo ser una puta muy barata. También es cierto que la empresa me dio libertad absoluta en todos los campos y eso tampoco tiene precio y menos aún cuando tienes 23 años.

JS / 3. He leído que todos los grupos que pasaban por Gasolinera eran españoles (¿o cantaban en castellano?)... ¿Esto era una opción filosófica o una cuestión presupuestaria?

Manolo / - Hay que tener en cuenta que Gasofa era un club pequeño, como tienen que ser los clubes, con un aforo de unas 200 ó 250 personas, en un lleno hasta la bandera. Esto, inevitablemente, influía en los presupuestos de la programación, pero no tenía nada que ver con el idioma o la procedencia de las bandas, de hecho mi primer bolo, memorable para todos los que estuvimos esa noche allí, corrió a cargo de Corazón Rebelde, cuatro rockeros chilenos exiliados en París. Tampoco hay que olvidar que la mayoría de las bandas cantaban en castellano, tanto las locales como las que traía de otros rincones de España. Ahí no aplicaba ninguna vena filosófica, era lo que había y mi misión consistía en cribar lo que consideraba más atractivo para nuestro escenario y para nuestro público, una especie de guardián entre el centeno. Así vinieron Los Enemigos por primera vez a Valencia, Brighton 64, Gatos Locos, Cardíacos, La Frontera, Claustrofobia, Dulce Venganza, Alphaville o la mayoría de los grupos de la comunidad. Otra cuestión diferente era la cabina, siempre he llevado a gala pinchar rock en castellano, simplemente porque me gusta, no por cuestiones patrióticas. Muchos garitos ya ofrecían música internacional, unos con mejor criterio que otros, pero esa demanda estaba perfectamente cubierta en la noche valenciana y yo me decanté por apoyar y disfrutar con el underground nacional. Eso sí que era marca de la casa. Incluso sonaban maquetas. Siempre he sido un Chapa Discos.

JS / 4. En tu libro comentas que era una especie de punto de encuentro para todo tipo de “tribus urbanas”. ¿Esto sucedía porque en esa época en Valencia no había otra opción aglutinadora o realmente tenía algo especial?

Manolo / - Dentro de lo que un antro en su modestia puede aportar, Gasofa destilaba autenticidad, diversión e ilusión por todos sus rincones. Eran buenos tiempos para la lírica y para muchas más cosas, aunque la canción de Coppini dijera lo contrario. Ese clímax mágico se debía a la peña que venía al local, fueran de tribus urbanas dispares o nuestros asiduos del barrio, a los currantes de la sala, a los músicos que subían a su escenario para improvisar una jam cuando menos te lo esperabas en un martes cualquiera por la noche... claro que tenía algo de especial, la gente podía ir a otros sitios, no éramos los únicos dispuestos a pervertir o emocionar al personal.

JS / 5. Voy a preguntar una estupidez... ¿Funcionaba así porque era una especie de alternativa a la Ruta Destroy para ese público, o directamente era una parada más de la Ruta en su primera época?

Manolo / - Gasolinera siempre tuvo su propia personalidad y su público, fuera el que fuera, siempre tenía un nexo en común y era el de su pasión por la música en directo. Ese fue el gran plus de nuestro club, el directo, la programación de actuaciones de jueves a sábado, todos los meses del año. Gasofa no perteneció nunca a la Ruta Destroy, aunque, evidentemente, casi todos pasamos por ella aunque fuera gateando a cuatro patas.

JS / 6. Comentas en tu libro también que de vez en cuando había algún conflicto... ¿Cuál era el nivel de peleas y, ya que estamos, cuál era su relación con el consumo y el tipo de drogas que se consumían?

Manolo / - Supongo que ahora debería ser políticamente correcto y decirte que lo que pasa en el campo se queda en el campo (y otras cosas que se irán a la tumba, claro está), pero la verdad es que visto con la perspectiva que da el tiempo, tampoco fuimos malos chicos. Lo cierto es que para el gran ambiente libertario que se gozaba en aquellos días, sin tanta presión ni control, altercados destacables no hay tantos. Las broncas se arreglaban o charlando o con dos guantazos y casi siempre terminaban en un Asturias patria querida por parte de los intervinientes. La más divertida, ahora, fue una buena tunda que le metieron los chicos más curtidos del barrio a una pandilla de punks en una pequeña batalla campal que se montó a las puertas. Los malotes del barrio eran nuestra guardia pretoriana y nos mimaban, estaban orgullosos de tener un garito molón en sus dominios. Lo sentían como suyo. Eso sí, follones por las drogas no recuerdo, ni siquiera por parte de los que estaban metidos en el caballo hasta las cejas. Es más, la droga  que se consumía provocaba más hermanamientos que enfrentamientos. Era, posiblemente, una malicia light. María, chocolate, centraminas, dexedrinas (¡qué ricas!), tripis (esos Supermanes), mescalina (mi amor), speed (la gran mentira), cocaína, caballo... qué quieres que te diga, pase y sírvase usted. ¡Qué suerte hemos tenido algunos de llegar hasta aquí!

JS / 7. He leído también que la gente iba a Gasolinera independientemente de quién fuera a tocar... Parece impensable a día de hoy. ¿Por qué crees que sucedía entonces, y por qué crees que no sucede hoy (si lo crees)?

Manolo / - Como ya te he comentado anteriormente, el nexo en común de todos los asiduos a Gasofa era la música en directo. Muchas veces no importaba ni el nombre de quien actuara, la gente iba como el católico que va los domingos a misa y no sabe el sermón que va a dar el cura. Se fiaban del rigor de la programación, pensaban: si tocan en Gasofa es porque deben molar. Ir a un concierto era un ritual habitual tanto para el público en general como para la mayoría de los músicos que también acudían como un espectador más a los shows de otros grupos. Y es cierto que no había excesivo prejuicio a la hora de disfrutar de 4 ó 5 tíos descargando watios sobre un escenario. ¿Por qué sucedía?, quizás seamos de una generación que aún era consciente del gran cambio social que estaba dando el país desde la muerte de Franco. Libertad y respeto son palabras que actualmente se compran muy baratas.

JS / 8. ¿Qué supuso Gasolinera en los años 80 para Valencia? Y, ¿qué supuso para ti?

Manolo / - Para mí, sin duda, una experiencia vital. Un periodo en el que viví a mil por hora y del que disfruté hasta el instante más insignificante. Trabajar en lo que más me gusta y conocer a mucha gente. Para la ciudad, no sé, lo tendrían que decir otros pues mi visión puede estar algo distorsionada por ser parte implicada, solo puedo afirmar que Gasofa aportó su pequeño grano de arena a la contracultura y que fue un espacio enriquecedor donde muchos artistas se pudieron sentir como tales y plasmar sus sueños en el lienzo de un escenario.

JS / 9. Si no he leído mal, tenía también al principio un concurso de bandas, ¿no? ¿Esto se mantuvo cuando estabas tú? ¿Dirías que fue el germen del Valencia Sona de Roxy o nada que ver?

Manolo / - Yo lo calificaría de simulacro de concurso. Fue en el 83, justo antes de entrar a trabajar oficialmente en la sala. Me pillaron de primavera, me dijeron que sería jurado cuando ya tenían todo el pescado vendido. Fue todo un poco rocambolesco y por supuesto me sublevé y la lié parda para que no les cuadrara la votación. Ni de lejos fue el germen del Valencia Sona. El concurso de Roxy fue algo espectacular en todos los aspectos.

JS / 10. ¿Recuerdas algún concierto o algún momento especialmente? Además de Doctor Divago (creo), ¿hubo algún grupo o músico que recuerdes que empezara en Gasolinera?

Manolo / - Los Divago eran unos pipiolos cuando yo programaba, se estrenaron en Gasofa tiempo después de mi marcha, buena gente. Músicos que tocaron en sus inicios con sus primeras formaciones hay muchos y que siguen al pie del cañón también, prefiero no dar nombres porque no me gustaría ignorar a nadie. Recuerdos, claro, el ya comentado primer concierto que programé con los Corazón Rebelde fue algo sensacional, unos músicos impresionantes, los Clash latinos, dieron toda una exhibición. Otro bolo maravilloso, Gatos Locos, con un incipiente Fernando Lavado al frente, más de dos horas de rock and roll clásico con la gente embrutecida. Pedro Burruezo con Claustrofobia, nivelón. Comité Cisne en el fin de año del 84 con su flamante maxi “Dulces horas”. El listado de chicos de la casa: Morcillo el Bellaco, Scooters, La Resistencia, Cómplices, Las Terribles, Infieles, Esgrima, Mak y Los Desertores... las jams con Paco Matallín, Julio Garcerá, Gabotti, Nano Payá, José Luis Macías, Fernando Gallart, Cipri, me matarán los que faltan. Y, siempre en mi memoria, las actuaciones del fallecido Dani Natanson en solitario con su guitarra o bajo y caja de ritmos, pases a veces para 10 ó 15 personas, totalmente improvisados sobre la marcha y sin anuncio previo que llenaban cualquier madrugada. Lo recuerdo con cariño muy a menudo.

JS / 11. Seguro que ya te lo pregunté en la entrevista de Roxy, pero... ¿Por qué es tan difícil que una sala sobreviva en el tiempo con una filosofía propia y sin plegarse a modas?

Manolo / - Con sinceridad pienso que muchas veces cualquier tipo de apuesta, por mucho que roce la excelencia, está supeditada al capricho del público y la fortuna. Puede parecer simplista la respuesta, pero no creo que exista una tabla de baremos que nos dé una explicación lógica. Sería como tener una varita mágica, como saber convertir la piedra en oro.

* Entrevista que me pidió Jorge Salas para un artículo sobre la sala Gasolinera (Valencia, años 80) y que se publicó en CulturPlaza.