Bueno, pues resulta que los chicos de Seguridad Social visitaban las cercanías del Califato Independiente de la Vega Baja, lugar donde, como algunos de vosotros ya sabéis, resido en la actualidad. Por centrar, tocaban en la localidad murciana de Santomera, fértil tierra y afable gente; además en pleno ambiente festero. Por lo tanto, el plan para el pasado viernes estaba más que claramente diseñado desde hace tiempo: pasar a saludar a buenos amigos, beber un par de cervezas (así es, quién lo iba a decir) y disfrutar de una magnífica noche de verano con un excelente concierto de rocanrol. ¿Plan? ¡Planazo! A mi edad, impagable.

Lo que doy, o he dado, nunca entro a valorarlo. El que me conoce bien, lo sabe de sobra. Sin embargo, lo que me dan, siempre lo pongo en valor, en el mejor rincón del cajón de mis recuerdos. Son detalles que se incrustan en mi corazón para toda la vida y de ahí, posiblemente, mi compleja e intensa vida emocional. Quizás debido a lo anterior y al hecho de haberme entregado con pasión a mis sueños y a los demás (con mis aciertos y mis errores, por supuesto), hoy en día, cuando no hay intereses de por medio, tengo la gran fortuna de sentirme una persona querida por muchos de los que han batallado en las trincheras de la Valencia subterránea en cualquier época y por otras que he ido conociendo por "el largo y sinuoso camino" de la vida. Ahora no me considero especialmente de ninguna década. Es una sensación que no tiene precio, os lo aseguro.

Los "chicos" de Seguridad Social. Mi hija sonríe ante ese "chicos" porque todavía no es consciente, a sus lozanos 25 años, de que todos fuimos jóvenes y rebeldes alguna vez. Y aún debe aprender que uno solo es viejo, cuando comienza a hacer cosas de viejo. Y este no es el caso de la banda comandada por José Manuel Casañ, el Rocker, con la complicidad de su mano derecha, Javi Vela (guitarra). Un Rocker y un Javi al que hay que sumarles la savia demoledora de Jorge Molina (bajo) y Víctor Través (tambores de guerra).

Seguridad Social son en la actualidad, lejos de pesarle los años y los kilómetros de carretera, cuatro animales de escenario en modo "brigada de demolición". Cuando el Rock ya comienza a ser algo residual en nuestra trapera canichoni sociedad (que razón tienes, mi querido Javi), combos como este deberían ser elevados a los altares más sagrados y paganos de la contracultura musical o, incluso, ser reivindicados merecidamente como los nuevos súper héroes de la Marvel. Sr. Roca, saque su magnífico lápiz.

Me hicieron sentir muy bien en el backstage, son fragancias que se detectan con facilidad en el ambiente cuando tienes un buen y castigado olfato de perro pachón, pero lo que es mejor, me hicieron sentir muy orgulloso de ustedes cuando los vi sobre el escenario, eso solo lo consiguen los que aún tienen algo que decir sobre él.

Pues nada, a lo que iba, que pasé por Santomera y me traje de recuerdo su mejor postal.

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La historia subterránea del mundillo musical valenciano de los 80, poco a poco, va tomando cuerpo con los diferentes libros que sobre el tema han ido apareciendo. Al mío, que ya conocéis de sobra por estos dominios, se le pueden sumar, sin desentonar, "Seguridad Social" (Juanma Játiva. 1993), "Presuntos Implicados" (Carles Sanchís. 1995), "Historia del Rock en la Comunidad Valenciana" (Varios autores. 2004), "Revólver. Disparos de pasión" (Juan Mari Montes. 2014) o "En tierra de nadie.  25 años de Doctor Divago" (Mariano López. 2014). No sé si se me escapará algún otro título, si así fuera, vayan mis disculpas por delante.

Lo indiscutible es que hasta ahora nadie había abordado, con exclusividad, la escena punk de Valencia. Pues bien, ese vacío ha sido subsanado con la publicación de "Miles de muchachos. Una crónica oral del Punk en Valencia". Aún rezumando a tinta fresca, lo he devorado con interés y esparcimiento en un par de días. Este "Miles de muchachos" viene firmado por Eduardo Guillot, lo que ya de por sí es una garantía para el lector. Guillot es conocedor, en todos sus frentes, del underground valenciano porque estuvo (está) allí y lo vivió (vive) en primera persona.

La obra está bien estructurada, aceptablemente documentada en el aspecto gráfico y lista para leerse de un tirón, tanto si has conocido a los protagonistas de la historia como si te acercas a ellos por primera vez. Es obvio que si en su día estuviste en la salsa, vas a disfrutarlo mucho más. Incluso, terminarás esbozando alguna que otra sonrisa y tarareando el "Cómo hemos cambiado" de Presuntos Implicados. El libro arranca con un excelente prólogo que sirve para ponerte en situación, crearte algunas dudas y, finalmente, rendir tributo al personal con un guiño de complicidad. A continuación, como complemento, nos encontramos con una interesante cronología comparativa que se mueve dentro de cuatro líneas paralelas por EE.UU., Gran Bretaña, España y Valencia. Esquemática, sencilla, pero muy clarificadora. Cuando en 1974 los Ramones debutaban en el neoyorquino CBGB, en España la única cresta visible era la de Franco y si centramos nuestra mirada solo en el trazo dedicado a la ciudad del Turia, podemos intuir que por esas fechas aún le estaban limpiando el culo y quitando los pañales a nuestros futuros punkis, es más, si lo seguimos hasta el final, quizás, podamos sacar explícitas conclusiones de por qué la movida Punk valenciana, salvo Seguridad Social e Interterror, no despertó demasiado interés más allá de su ámbito comunitario. Con esto no quiero decir que fuera ni mejor ni peor que otra, pero lo que se ve, es lo que hay.

Una vez dejamos atrás la confortable pista amarilla, a partir del kilómetro (léase página) 25 nos adentramos en el blanco y negro de los recuerdos. Aquí, el autor, ha dado voz a personajes involucrados en la aventura -tales como Alfonso Olcina, propietario del sello Citra, Toni Pep Rodríguez, programador de NCC o Vicente Bartual, cofundador de Ediciones Milagrosas-, además, y como no podía ser de otra forma, a lo más granado del clan punki local, donde estos han tenido la oportunidad de decir lo que quisieran o callar para siempre. También hay rescates de declaraciones anteriormente publicadas, que permiten mantener cierto hilo conductor. Así, podemos leer los comentarios de José Manuel Casañ (Seguridad Social), los hermanos Barranco (Sade), Fernando "El Loco" Navarro (Generación 77), Buto Antúnez (Cómplices), Iván Hernández y el Sr. Burguet (NES), Willy Escribano (Interterror), El Enano Infiltrado y Víctor Ácnex (La Resistencia) o Isa Blázquez (Las Terribles) entre otros muchos más. Línea tras línea, cada uno desgrana la historia, su historia, como fue o, simplemente, como la percibió en su momento. Hay relatos de todos los sabores: divertidos, seniles, renegados, inteligentes, resentidos e, incluso, insustanciales, como en botica. Entretenimiento garantizado.

Para finalizar, volvemos a divisar el camino amarillo y lo retomamos para encontrarnos con el legado discográfico del Punk valenciano, un completo listado de todas las grabaciones editadas hasta hoy, iniciándose en 1981 con el maravilloso single "Pompis de luxe" de La Morgue (Edigsa) y que se cierra con el rescate en 2018 del LP "Discordia" de Éxtasis (Vómito Punk Records). En lo personal, me siento muy orgulloso de haber contribuido a esta causa con dos vinilos: Cómplices (De espías, policías y ladrones...) y NES (Alta tensión).

Todo mi respeto para el Punky Jose, el único punki que no se suicidó en Putney Bridge.

* El libro lo tienes disponible en la LLIG


ANEXO 1. Nuestro amigo Pedro J. Pérez, que dirige el portal NuevaOla80 y que ya estás tardando en visitar, me refresca la memoria y aporta algunas publicaciones más que quizás puedan ser de interés para el personal. ¡Muchas gracias!

"Presuntos Implicados" (Luís García Ollés. 1996) y "Conversaciones con Presuntos Implicados" (Juanma Játiva. 2002); "La encrucijada", el libro-cómic donde interviene J. M. Casañ (Paco Roca. 2017) y, si viene al caso, los dos volúmenes en torno a la Ruta Destroyer: "¡Bacalao!" (Luís Costa. 2016) y "En éxtasis" (Joan M. Oleaque. 2017).

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La comarca del Campo del Turia debería poner, como merecido tributo, un monumento conmemorativo a estos ribarrojeros de pro. Mak y Los Desertores han sabido perseverar, sin fisuras, con su núcleo principal durante más de 30 años de existencia. Y eso, sin duda, es una tarea meritoria y harto compleja en el mundo de la farándula, la noche y el rock and roll.

Santi Benegas (guitarra y voz), Antonio Benegas (guitarra y coros) y Bali Argandoña (bajo) han mantenido prendida, a las duras y a las maduras, la llama de su particular sueño. En este interminable viaje han contado con las baquetas de Diego Benegas, Arturo Atienza y, actualmente, Chordi Folgado. Hasta ahora habían publicado cuatro álbumes, "El retorno del vicio" (Utopía Batusi, 1987) producido por Carlos Goñi (Comité Cisne, Revólver), "Mala reputación" (Pertegás, 1990), "Jugando con el diablo" (Subterráneo Records, 1998) producido por Adolfo Barberá (Glamour, Ceremonia, Seres Vacíos) y "Baja y ponte al corriente" (Neandertal, 2010), además de un vídeo single con la canción "Me has hechizado" (Neandertal, 2015). Y digo hasta ahora porque este 2019 han arrancado con una doble entrega en formato CD+DVD. Una grabación en directo realizada el año pasado sobre el escenario del Auditorio Municipal de donde son oriundos y que contempla un magnífico repaso a sus canciones más representativas. Disfrutar de la visión y audición de este emotivo concierto es casi una obligación para cualquier amante del buen rollo, que es justo lo que destilan, y han destilado siempre, Mak y sus leales secuaces.

Estos tipos no han cambiado en nada, ni falta que les hace. Su sonido es inconfundible porque han conseguido tener su marchamo personal, ni mejor, ni peor, pero sí todo un logro del que sentirse orgulloso. Es un combo que hay que escucharlo con una cerveza en la mano, marcando el ritmo con los pies y cogiendo a tu chica de la cintura (recuerda que tienes dos manos). Regalan diversión, honradez y cariño. Sobreviven libres de prejuicios, modas y postureos, Mak y Los Desertores son la humildad personificada sin estúpidos complejos. Maman y escupen rock sin contemplaciones. Y lo mejor de todo, no le deben nada a nadie.

Hoy, y con motivo de este imprescindible estreno titulado "Todavía vivos y... en directo" (Neandertal, 2019), tengo el placer de volver mi vista hacía 1987 y recordar con todos vosotros el vídeo del tema "Tú no quieres nada de mí", uno de esos pequeños grandes éxitos de la Movida Valenciana de clubes, antros y tugurios.

¿Me imaginas viajando por la Ruta 66 americana sin que suene de fondo y a piñón fijo la Creedence? No, ¿verdad?, porque sabes que sería tan absurdo como circular por la A3 española sin la banda rompedora devorando los kilómetros.

Lo tengo muy claro, Ribarroja del Turia le debe el nombre de una calle a Mak y Los Desertores.

 

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En mi libro, en la página 206, consta lo siguiente: "... por eso animo a todos a que escribáis vuestra propia historia y hagáis vuestros propios censos. No estaría nada mal y no se escaparía ni el apuntador. Cientos de pequeñas historias hacen la Historia, con mayúscula". Era una invitación a todos aquellos que se mueven, particularmente, en el mundo subterráneo musical de Valencia para que plasmaran sus vivencias y de esa manera ejercer de notarios para dejar constancia de aventuras, propias y de allegados, que de otro modo nadie iba a contar ni a reivindicar. Es una pena que ese modesto patrimonio cultural, parido con tanto esfuerzo desde las catacumbas del underground, se diluya en el olvido con el paso del tiempo como un simple sueño de juventud.

16 años después tengo la fortuna de que caiga en mis manos "En tierra de nadie", un libro escrito por Mariano López y donde este ejerce, hoja tras hoja, de maravilloso guía documentado sobre la vida y milagros de Doctor Divago, sin duda, una de las bandas más importantes del Rock en España. No exagero y, aunque no conozco, si es que existen, los baremos para medir la grandeza de un artista, sí que sé distinguir cuando algo sobresale de la mediocridad reinante. Y si al talento lo aderezas con trabajo, ganas, pundonor, constancia y algunas buenas canciones, como es el caso de los Divago, este servidor solo puede aplaudir y reverenciar sin ningún tipo de pudor. Bien sabe Manolo Bertrán que mis palabras de elogio no son producto de un enfervorizado fan a la caza de autógrafos o sexo fácil con su idolatrada estrella. No. Los Divago se han ganado a pulso mi máximo respeto y cariño. Como quien no quiere la cosa, se han convertido, también, en parte de la banda sonora de mi vida.

La lectura de "En tierra de nadie" me ha resultado amena, es como subirse en un tren de cercanías, rebosa valiosa información, anécdotas divertidas, entresijos del negocio musical y muchos nombres propios. Mariano López ha conseguido hilar una excitante semblanza, contando con la participación de todos los implicados, que abarca los 25 primeros años de existencia del combo valenciano. Puedo afirmar, con orgullo, que este es el tipo de trabajo al que me refería en mi primer párrafo. Vale, lo sé, no habla de Londres, Nueva York o Berlín, es posible que para algunos papanatas resabiados no sea lo suficientemente cool -ellos se lo pierden-, pero el que me conoce bien, sabe (¿verdad, Sr. Campoy?) que mis héroes favoritos viven dos calles más abajo de la mía, por eso con este libro me he emocionado y me siento plenamente identificado, porque relata con parcial exactitud la escena que nos ha tocado vivir a ti y a mí. Esos son los héroes que cautivan mi corazón.

Ya lo dije en su día, tiempos del Valencia Sona, los Divago no son un grupo de concursos. ¿Y qué? Ahí los tienen ustedes, inteligentemente situados. Sí. Mejor en tierra de nadie que mal acompañados.

Sitio oficial: Doctor Divago

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El combo valenciano vuelve a la carga con otra flamante entrega discográfica de la mano de Bonavena Música. Esta vez, y siguiendo cánones de la vieja escuela, por lo menos en cuanto a formato y actitud, nos presentan un EP con el desafiante título de "Puño en alto". Un trabajo que incluye tres canciones propias, "Si sale cruz", "Vuelva usted mañana" y "Con el agua al cuello", además del "Police on my back" popularizado en su momento por The Clash y que ellos han adaptado al español como "Policía detrás".

Los Radiadores, fieles a sus principios, perseveran con seriedad en un proyecto musical que cada vez se afianza con más enjundia y credibilidad en el circuito underground de esta nación. Y todo gracias a obras como la que nos ocupa. La banda suena bien, para eso están, y muy aplicados, José Antonio Nova "El Joven" (guitarra), Sergio Domingo (bajo) y Vicente Vila "Metralla" (batería), ofrece canciones interesantes que no se digieren con una sola escucha superficial y, encima, Raúl Tamarit (voz y guitarra) continúa creciendo como letrista de historias concisas, agridulces, reivindicativas y, a veces, no faltas de sutil ironía.

Repasando. Me encanta "Con el agua al cuello", con esas guitarras medio surferas y fronterizas envolviéndome en la soledad del abismo y la desesperación, con plena aceptación del futuro devenir de los acontecimientos, posiblemente mi preferida, pero ¿cómo voy a dejar de lado "Si sale cruz"?. ¡Imposible! Me identifico totalmente con ella, yo también me he jugado mi destino, que no el de los demás, tirando una moneda la aire en mi despacho de Roxy Club. Si salía cara, me iba a Madrid y si era cruz, me quedaba en Valencia. Os juro que ni cayó de canto, ni es una ficción. Corría el año 2000 y tengo testigos. Pero, dejémonos de pinceladas personales y sigamos con este "Puño en alto", título que para mi gusto va mucho más allá de la connotación política que pueda implicar dicho gesto. Ahora suena "Vuelva usted mañana", un corte con cierto sentido del humor que perfectamente podría haber firmado Julián Hernández para Siniestro Total y que disfruta de un estribillo divertido, inteligente y pegadizo. Es más, y quiero que conste en acta, un grupo de rock que se precie y no tenga un "na na na" dentro de las canciones de su repertorio, ni es grupo, ni es ná. Ahí tenéis, por ejemplo, el maravilloso "Bonzo Goes To Bitburg" de los Ramones. Y para terminar, Los Radiadores se despiden con "Policía detrás", una más que correcta versión en español de la siempre efectiva canción firmada por Eddy Grant, "Police on my back", y que The Clash se encargaron de superar con creces en su "Sandinista" de 1980.

En definitiva, "Puño en alto" es un disco muy digno y recomendable, parido por una banda sobrada de decoro. ¡Esos, y así, son mis chicos!

Sitios oficiales en internet: Los Radiadores y Bonavena Música.

 

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